Javier Reverte viajó a Brasil siguiendo el instinto de los grandes exploradores: perderse para comprender. Su travesía por el Amazonas lo llevó a descubrir un país desbordante, donde la frontera entre la realidad y el mito se desdibuja. Y aunque su mirada se centró en la selva, su asombro por Brasil incluyó las ciudades, esos lugares donde la energía humana parece contagiarse del entorno.
Río de Janeiro es una ciudad que no se impone con palabras, sino con sensaciones. Despierta al viajero con su brisa salina en Copacabana, lo envuelve en su luz cambiante desde lo alto del Cristo Redentor y lo arrastra a su ritmo imparable en las callejuelas de Santa Teresa. Como el Amazonas para Reverte, Río es un lugar que transforma. No se trata solo de visitarlo, sino de sumergirse en él y dejarse llevar por su latido.








